Inmigrante hispano estuvo detenido casi un año por ICE, pero fue liberado con “green card” en mano

Carlos Martínez pasó 355 días detenido en el Centro de Detenciones de Eloy, en Arizona, donde se contagió de COVID-19 y por momentos llegó a pensar que iba a morir, pero tras una larga lucha legal logró lo que muy pocos: salir de una de esas instalaciones como residente legal.

 

“Ha sido una de las peores etapas de mi vida. Nunca había estado detenido, mucho menos en una cárcel, porque eso es un centro de detención, una cárcel. Los agentes del inmigración te tratan con mucho racismo, indiferencia, no puedes ni siquiera intentar pelear por tus derechos porque te mandan a celdas de castigo”, dijo el inmigrante mexicano.

“Te conviertes en un número, dejas de ser humano, solo significas dinero para las compañías que operan los centros de detención”, agregó Martínez, quien en esos once meses tuvo que convivir con miembros de pandillas y narcotraficantes.

 

Con escaso acceso a artículos de limpieza personal, para este joven amparado con la Acción Diferida (DACA), uno de los primeros del país en beneficiarse de este programa federal creado en 2012, lo peor vino cuando contrajo la COVID-19.

Tras dar positivo el 12 de junio, y empezar a sentir los síntomas al día siguiente, relata que pasaron cuatro días hasta que una enfermera fue a tomarle la temperatura.

“Fueron muchos días enfermo, yo ya estaba muy débil, me costaba mucho respirar, la comida no me sabia a nada, tosía mucho, me la llevaba acostado y me ponía a rezar pensando que quizás no me iba a levantar al siguiente día. Realmente temí que podría morir”, relató.

 

De acuerdo a las cifras más recientes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), en el Centro de Detención de Eloy se han registrado 248 casos de coronavirus entre los indocumentados y es el segundo a nivel nacional con más positivos después del Centro de Detenciones de Bluebonnet, en Texas, con 293 casos.

 

El mexicano cree que si no se libera a más gente de los centros de detención va a subir la cifra de muertos, que actualmente asciende a tres.

Momento de frustración

Graduado de la Universidad de Arizona con una licenciatura y una maestría en ingeniería de programación en computación, Martínez creía que había alcanzado sus sueños y llegó a a trabajar para IBM en California.

Sin embargo ese sueño le duró poco tiempo y al regresar a Tucson en 2016 se dio cuenta que no era tan fácil obtener un empleo siendo un beneficiario de DACA.

 

“Apliqué a mas de 100 empleos, pero nadie me quiso dar trabajo, nadie me lo decía en mi cara, pero sabía que era por DACA, ninguna compañía quiere invertir en el entrenamiento de personal que saben que quizá el próximo año ya no esté con ellos”, explicó.

Esta frustración, sumado a la constante incertidumbre que viven los beneficiarios de DACA por los intentos del presidente Donald Trump de eliminar este programa federal creado por su antecesor, Barack Obama, lo llevaron a cometer un error que, dice, pagó muy caro.

En agosto de 2019, Martínez salió por 45 minutos a México, desesperado porque una de sus abuelas estaba gravemente enferma y no podía verla. Aunque se arrepintió y trato de reingresar por el puerto de entrada de Nogales, en Arizona, fue tarde y perdió su protección bajo DACA.

Claudia Arévalo, abogada que representó a Martínez, dijo que actualmente los “soñadores”, como se conoce a los beneficiarios de DACA, no pueden salir del país.

 

Por ello, aunque solo abandonó el país por 45 minutos, hace un año Martínez perdió todos sus beneficios de la Acción Diferida y quedó a merced de un sistema migratorio endurecido bajo la administración Trump.

“Carlos tuvo mucha suerte, fue mucho trabajo el que tuvimos que hacer”, dijo Arévalo.

“Me sentía como encerrado en una jaula de oro, no sabía qué hacer, espero que otros aprendan de mi error”, dijo el mexicano, quien llegó a este país cuando tenía solo 8 años.

 

Luego de solicitar asilo y después una cancelación de deportación, el pasado mes de febrero un juez de inmigración le otorgó la residencia legal a Martínez. ICE, sin embargo, decidió apelar y rechazó dejarlo en libertad bajo fianza.

El mexicano recuerda con una sonrisa que la agencia federal alegó que “era un riesgo para la seguridad de los Estados Unidos”, a pesar de que nunca en su vida ha tenido ni siquiera una infracción de tráfico.

“Su caso demuestra la frustración que están viviendo muchos jóvenes con DACA”, dijo Karina Ruiz, directora de la Coalición del Acta Sueño en Arizona, organización que el mes pasado lanzó una campaña para liberar a Martínez.

 

La activista dijo que desafortunadamente hay muchos casos que no tienen un “final feliz” como el de Martínez, y muchos “soñadores” han sido deportados. “Si tienes DACA tienes que ser perfecto, no puedes cometer ningún error”, resaltó.

No podría creer que ya era libre

La administración federal anunció la semana pasada que no aceptará nuevas aplicaciones de DACA y que los permisos otorgados a los que ya están amparados bajo este programa serán renovados cada año y no cada dos como era antes.

En medio de ese escenario, Martínez se encontraba hablando por teléfono con su madre cuando un guardia le dio la buena noticia: iba a ser liberado.

 

Aun sin creerlo, tomó sus cosas y tuvo que soportar que lo esposaran y lo subieran a un vehículo para luego ser puesto en libertad en la ciudad de Phoenix.

“No lo podía creer, tenía miedo de que de un momento a otro se regresaran por mi”, recordó quien después de 30 años de vivir en Estados Unidos finalmente es ya un residente legal.

Dice que tiene muchos planes. Primero conseguir un empleo para ayudar a sus padres, quienes recientemente también dieron positivo a la COVID-19, y luego, y sobre todo, visitar a su abuela y a su familia en México.

 

“En cuatro años y medio, tan pronto pueda, me haré ciudadano de Estados Unidos”, señaló.

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