A un año del crimen en el callejón del terror

La casa número 90 de la calle Antonio Álvarez, del sector Enriquillo, aún permanece vacía, luego de cumplirse un año del crimen cometido por Víctor Alexander Portorreal Mendoza, mejor conocido como “Chamán Chacra”, quien dio muerte a su pareja sentimental y a sus tres hijastros.

Esta vivienda, ubicada en un segundo nivel, se encuentra completamente cerrada.

Desde el exterior se percibe la soledad y un silencio ensordecedor que aún le recuerda a los moradores la sangrienta escena que encontraron el pasado 8 de febrero del 2018, cuatro días después de haberse cometido el hecho.

Un letrero de “Se vende” permanece colgado sin que nadie, hasta la fecha, se haya acercado para fines de habitar esta propiedad. El recuerdo de esta tragedia y de la familia que allí sucumbió ha ocasionado que las ventanas y puertas continúen cerradas.

“Desde aquella fecha la gente comenzó a caminar con terror y miedo. Las personas preferían dar la vuelta y pasar por otro callejón y no por este”, dijo en la mañana de ayer el residente Carlos Joel Marrero.

La vida de los moradores de esta localidad, perteneciente al kilómetro 8 de la Carretera Sánchez, cambió drásticamente. Puntualizaron que este acontecimiento se ha convertido en un evento imborrable que permanecerá en su memoria durante muchos años.

Así como cambió sus vidas, también ocurrió con el referido callejón que perdió su identidad a pocos días del suceso.

“Este lugar se llamaba callejón Manzueta y ahora la gente le llama el ‘callejón del terror’, así lo describe Estefany Arias, de 23 años de edad, que vive a pocos metros de la vivienda.

“Este era un lugar muy transitable, pero después de ese día se volvió un lugar grimoso”, comentó la joven.

Contaron que luego de aquel acontecimiento la oscuridad era percibida como “desgarradora” y “tenebrosa” en aquel rincón del edificio y en todo el perímetro de la zona.

Señalaron que varias familias prefirieron abandonar sus hogares y resguardarse en otra vivienda que se encontrara alejada de esta desdicha.

Tal es el caso de los familiares que residían en la primera planta de la casa número 90.

“Fue aproximadamente hace seis meses que una señora cristiana se mudó ahí debajo. Como la casa ahora pasa con el bombillo encendido durante la noche, se ha recobrado un poco la normalidad”, sostuvo Marrero.

Descontento
Los residentes se mostraron insatisfechos con la sentencia de 30 años que fue dictada por el Primer Tribunal Colegiado del Distrito Nacional, el pasado 9 de enero del presente año.

“No acepto los 30 años.

Treinta años son muy pocos para las cuatro vidas que mató”. “Es una injusticia”, expresaban los residentes, quienes dicen que República Dominicana necesita una reforma del Código Penal.

“Por cada muerte debieron cantarle 30 años. Ese hombre cometió un crimen demasiado fuerte. En casos como estos la ley debería contemplar la cadena perpetua o la condena de muerte”, indicaba una de las habitantes.

Contraste
Al cumplirse el aniversario de este hecho, algunos residentes se encontraban ayer celebrando la decisión de los jueces en las inmediaciones del callejón. Con vasos de cervezas en manos y con una música de ambientación recordaban el suceso.

“Estamos recordando ese día. Nos encontramos muy tristes y a la vez felices porque sabemos que se encuentra en la cárcel pagando por su delito”, comentó José Frías, mejor conocido como Domingo Parodia.

DE UN RITO SATÁNICO 
Por otra parte, Wilson Acevedo expresó que no acepta los años que fueron dictados. “Ese tipo no debería ni estar disfrutando de la vida. Ahora mismo es como si estuviera en un resort, ese hombre está más buenmozo, rojizo y fuerte luego que entró a la cárcel”.

El primer domingo de febrero del año pasado, Víctor Portorreal, de 32 años, asesinó a su pareja Reyna Isabel González, violó y mató a sus dos hijastras de diez y seis años, y luego procedió a ahorcar a su hijastro de 13 años. Al pasar cuatro días de este suceso, la fetidez comenzó a inquietar a los moradores, quienes dieron la voz de alerta a los técnicos del 911 y a los agentes de la Dirección General de Investigaciones Criminales (Dicrim) de la Policía Nacional.

La escena que encontraron la describieron como propia de un rito satánico.

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